Claves para ser rico: conoce tus puntos fuertes, conoce tus cartas

En nuestro artículo Hay otra manera, Santiago recomienda que nadie se ponga el traje de otro. Lo que le ha funcionado a él, o lo que le vaya a funcionar a él en el futuro, no necesariamente le servirá a otro. Cada uno tiene unas cartas en la vida y, por lo tanto, cada uno necesita un plan diferente. No podemos obviar nuestras cartas y jugar una partida para la que no tenemos las cartas adecuadas. Nadie puede pretender que otra persona siga una recomendación sin considerar sus cartas. Por ejemplo, yo te recomiendo encarecidamente que inviertas, pero no te voy a decir en qué invertir. Vale, sí; si quieres, una vez entendidas tus cartas, nos podemos sentar y analizar posibilidades de inversión, pero no te voy a decir nunca: “Invierte en esto o en aquello” o “ahorra el 10% de todo lo que ingresas y luego haz esto y lo otro”. Y no te voy a decir eso porque no tiene sentido. No tiene sentido plantear un plan de vida en abstracto sin entender las cartas concretas de que dispones.

Te presentamos a Ramón        

La vida de Ramón la resume la foto de la portada de este artículo (la del barco).

Ramón empezó un negocio hace años que, hasta hace bien poco no daba lo suficiente como para vivir. Cualquiera tendría que haber abandonado y no podría haber estado tantos años sin ganar lo suficiente como para mantenerse. Pero no Ramón.

Sí, vale; Ramón tiene unos padres pudientes. Unos padres que le han permitido no tener que ganarse un sueldo. Sí, es una carta buena que no todo el mundo tiene, hay que reconocerlo. A pesar de ello, no todo el mundo la sabe jugar. Muchos, con las mismas cartas, recibiendo un campo arado, trabajado, abonado y con las semillas compradas esperando solo a ser esparcidas, dejan el legado recibido yermo por no ser capaces de entender que esparcir esas semillas ya compradas es lo mejor que pueden hacer. En lugar de eso, por culpa de andar mirándose los pies; por culpa de no pararse a pensar y a mirar el mejor camino, se van a un terreno más pequeño, más duro, con malas hierbas y pocos nutrientes y empiezan, con una azada manual, de las pequeñitas, a arar.

Si tus padres son ricos, a lo mejor deberías usar eso como punto de partida para seguir construyendo sobre ello. A lo mejor empeñarte en hacer lo que todos hacen sin pensar en lo que tienes no es la mejor idea. A lo mejor resulta que no es tan buena idea ponerte a estudiar, buscar un trabajo y desatender a tu familia por “tener” que trabajar 12 horas al día para ser el mejor abogado o el mejor ingeniero del mundo… mientras los cimientos puestos por tus padres se van marchitando porque nadie ha construido sobre ellos. Si entiendes tus cartas, no dejarás que pase esto.

Las cartas de Ramón

Ramón tiene la carta de una familia pudiente. Además, tiene la carta del don de gentes más tremendo que he visto. No tiene, sin embargo, la carta de la capacidad de estudio y de trabajo en oficina. Ramón nunca ha sido buen estudiante. Nunca ha tenido la capacidad de esforzarse y de sacrificarse para sacar una carrera seria. Si estás leyendo esto, Ramón, lo siento: es así. ¿Y qué?

En el entorno de Ramón hay gente que le critica por no haber sido capaz de estudiar una “carrera seria”, por haberse dedicado a una empresa que no daba para comer en vez de ponerse a trabajar “de verdad” (se asocia trabajo “de verdad” a trabajo de 8 a 5 en una oficina), y por haber podido hacer todo lo que le ha dado la gana gracias a sus padres. Los que critican se equivocan.

 

Ramón es un visionario

Hoy la empresa de Ramón va bien, sin embargo, ha tardado mucho tiempo en dar para vivir de ella. De hecho, cualquiera tendría que haber abandonado mucho antes. Pero no Ramón; Ramón tenía cartas distintas. Las entendió y las usó. Entendió que nunca iba a llegar muy lejos si hubiera insistido en estudiar una ingeniería, que es donde van todos los “listos oficiales”.

Ramón es objetivamente listo, se le ve en los ojos. Como es listo, entiende que lo que él sabe hacer bien es tratar con la gente y hacer contactos. Habría sido estúpido empecinarse en ir por la rama de los “listos oficiales”. Habría sido mediocre como trabajador de oficina y, además, habría sido un infeliz. Como él es más listo que eso, divergió del camino y tomó el suyo propio. Se paró a pensar y tomó el camino más acorde con las cartas que tenía. Por esto, por haber sido capaz de entender las cartas que tenía y jugar la partida de manera congruente, Ramón ha demostrado más sabiduría que la mayoría. Haz como Ramón: estudia tus cartas y decide tu camino.

Tú puedes conseguir lo que te plantees… plantéatelo bien

Si mides 1,60, no te empeñes en ser profesional de baloncesto.

¿Pero qué dices? ¿Dónde quedó lo de “tú puedes hacer lo que quieras”? ¿Cómo vienes a decirme ahora que hay que ser consciente de tus “limitaciones” para diseñar tu plan de vida? Además, mira a Muggsy Bogues, un mito de la NBA que medía 1,60.

Aquí le tienes en acción:

Efectivamente, desde este mismo blog hemos propuesto varias veces que cada uno puede conseguir lo que se proponga. Es así, y Muggsy Bogues es un ejemplo de ello. Además, es un error partir de tus “limitaciones” cuando emprendes algo. Está entrecomillado porque solo algo que uno mismo deja que sea una limitación lo es. Joder, no me entero de nada… Ya, a ver si conseguimos explicar lo que queremos decir:

Sí, hay que avanzar sin cesar hasta hacer tu objetivo realidad. Pero eso no significa avanzar con un objetivo mal planteado pase lo que pase… Voy a tratar de resumir esto en una frase:

No prosperas en cualquier empresa aunque sea un disparate, prosperas en cualquier empresa una vez que eres capaz de reconocer los disparates.

Cuando emprendes algo que está mal planteado en algún aspecto, si miras las señales que el mundo te da con respecto a la acogida de tu proyecto,  te darás cuenta de que algo falla.

A veces lo que tienes es solo un sentimiento. Simplemente tienes la impresión de que algo falla. Si no entiendes el concepto que planteamos aquí, a lo mejor no le haces caso a ese sentimiento y dices: “esto lo saco por mis huevos. Todo lo que yo me proponga lo consigo y voy a llevar esto adelante como sea”. Si, por el contrario, te paras a mirar ese sentimiento y a analizarlo, lo más probable es que le acabes poniendo palabras concretas y que seas capaz de entender qué es lo que fallaba. A lo mejor te das cuenta de que esa sensación venía porque un aspecto concreto de tu plan estaba mal planteado. Cuando pase esto, no te obceques con tu plan original; reconoce que estaba mal planteado y reformúlalo. Haz esto cada vez que te encuentres con algo que falla.

En esto consiste perseguir tus objetivos hasta el final y nunca rendirse: en ir avanzando y reconociendo los puntos débiles de tu proyecto para ir amoldándolo e ir haciéndolo más fuerte en cada paso.

Antes de preparar tu proyecto, analiza tus cartas

Antes de armar el Proyecto de tu vida analiza bien tus cartas:

  • Si eres como Ramón, puedes tener una jugada fácil, pero la tienes que hacer. Anda que no hay gente echada a perder que lo tenía “fácil”.
  • Si trabajas en Burger King 40 horas a la semana por 800 Euros al mes, a lo mejor puedes jugártela y emprender. No arriesgas mucho. También puedes buscar otra manera de generar más ingresos.
  • Si tú y tu pareja tenéis trabajos buenos e ingresáis 4000 o 5000 Euros al mes entre los dos, a lo mejor no necesitáis dejarlo todo y emprender. Probablemente podáis hacer un plan para retiraros jóvenes que no requiera asumir ese riesgo. ¿Por qué? porque con esas cartas, jugadas con cuidado, una pareja se podría retirar en unos 10 o 15 años.
  • Si te ha tocado la lotería, cómprate un barco.

Con esto no pretendemos dar ningún consejo concreto. Haz lo que quieras. Lo importante es que, a la hora de hacerlo, entiendas tus cartas y diseñes tu plan a medida.

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