Decisión de Inversión

Tomar decisiones es difícil, a no ser que la decisión sea la inacción. Eso es fácil porque no hay que hacer nada, pero estás tomando una decisión. Estás decidiendo no hacer lo que podrías hacer. Y estás dejando al azar el resultado de tu decisión. Esto, además de cobarde, es estúpido.

 

Temerario es el que no arriesga

Cuando emprendas algo, no empieces concentrándote en los puntos difíciles. Es un error porque es muchas veces la excusa para la indecisión. La indecisión es la decisión de no hacer algo. Puedes no hacer algo, no hay problema en esto, pero que sea una decisión. Lo evalúas de verdad y decides si hacerlo o no. O sea, no dejes que sea por no atreverte a decidir. Esto es una falsa manera de ser conservador. Quien no hace nada por miedo a todo, porque siempre ve un peligro (y todas las cosas del mundo tienen algún peligro) se cree que es conservador… pero ni de coña.

¡El que no hace nada por miedo a todo es un temerario porque está tomando constantemente decisiones sin pararse a pensar! El conservador de verdad evalúa y decide: a veces decidirá hacer y otras decidirá no hacer, pero habrá decidido.

 

Evaluamos riesgos sin ver toda la película

Siempre miramos el riesgo de comprar un inmueble, pero no miramos el riesgo o las consecuencias de la decisión pasiva “no comprar un inmueble”. Miramos el riesgo de invertir en X, pero no nos paramos a pensar lo que estamos haciendo por no invertir. Todos los días que volvemos a nuestros trabajos estamos tomando la decisión pasiva de no irnos.

Conozco gente inteligente que sabe de números y que cuando se plantea invertir en algo, aunque los números estén gritando en mayúsculas y en negrita “INVIERTE, NO SEAS GILIPOYAS”, no invierten. Están decidiendo no decidir, pero están decidiendo igual.

Otra mucha gente, asqueada con su trabajo decide cada día no irse, ¿por qué? Muchas veces es porque irse requiere una decisión activa mientras que quedarse simplemente requiere no hacer nada.

Al decidir una cosa sin analizar la alternativa, estamos eligiendo la puerta de la derecha sin saber qué hay en la de la izquierda. ¿Y si la puerta que has elegido escondía dragones, serpientes y una vida encadenado y la otra puerta, que no has elegido por no mirar, albergaba ámbar, flores e independencia financiera? En cada paso, casi siempre podemos mirar detrás de todas las puertas antes de elegir una. No tenemos que avanzar a ciegas y confiar en el azar. Así que, ¿por qué no elegiste la puerta con la independencia financiera? Con lo fácil que es simplemente abrir las dos puertas y mirar antes de elegir una…

 

¿Qué nos impide evaluar todas las opciones?

¿Por qué lo hacemos, entonces? ¿Por qué nos cuesta tanto tomar una decisión y tan poco no tomarla, aunque no tomarla sea a veces peor que tomarla? Tenemos miedo a equivocarnos y a que se note. Si haces algo y te equivocas, se nota. Si no haces nada, es difícil llegar a la conclusión de que tendrías que haber hecho aquello que no hiciste. A esto es a lo que te lleva la cobardía.

Sé valiente y evalúa tanto tus decisiones como tus no decisiones. No es solo valentía; es la opción inteligente.

Ya hemos llegado a la conclusión de que nos da más miedo tomar decisiones conscientes porque somos unos inconscientes; porque no nos damos cuenta de que el no actuar implica también tomar una decisión. Una vez entendido esto, todos deberíamos estar constantemente cuestionándonos si estamos bien dónde estamos y, cuando alguna vez pensemos en dar un salto “arriesgado”, tendremos que acordarnos de que tan arriesgado puede ser el salto (decisión activa) como el no salto (decisión pasiva): ambos son decisiones.

No seas temerario, evalúa los riesgos de la inacción antes de seguir no haciendo.

 

La aversión al riesgo puede ser muy arriesgada.

¿Y qué tiene que ver esto con retirarse joven? Buena pregunta. Para retirarse joven, como hemos dicho muchas veces, hay que tomar decisiones. Hay que hacer un plan y seguirlo. Hay que decidir invertir en esto o en aquello. Hay que tomar “riesgos”. Para decidir si estos riesgos son asumibles (o si de verdad son riesgos), tenemos que evaluar los riesgos de la decisión pasiva; los riesgos de no efectuar una determinada inversión.

Mira para otro lado si quieres y considérate conservador por “no tomar riesgos”. Pero ten claro que no estás siendo inteligente al hacerlo.  Aunque te moleste que te lo diga, es así. Si no haces nada y simplemente sigues contento en el rebaño andando mirando el culo de la oveja que tienes delante, lo único garantizado es que vas a acabar como todas las ovejas acaban: trasquiladas. Sí, a trabajar hasta los 67 años sin opción y solo entonces, si todavía siguen existiendo las pensiones, jubilarte con una pensión miserable lo llamo acabar trasquilado. Este final lo tienes garantizado si no te paras nunca a ver si se puede ir por otro camino. Este es el riesgo que tienes que evaluar si no te planteas una estrategia para retirarte joven. Este es el riesgo de la decisión pasiva que tomas si no tomas el timón de tu vida.

La próxima vez que vayas a tomar una decisión laboral, la próxima vez que vayas a tomar una decisión de inversión y la próxima vez que vayas a tomar cualquier otra decisión que conlleve riesgos, no compares los riesgos de la decisión contra la nada; evalúa los riesgos de la decisión activa y compáralos con el riesgo de la decisión pasiva (quedarte sentado donde estás hasta los 67). Esta es la manera de elegir sabiamente.

 

 

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