Hay otra manera

 

—Desde que acabé la carrera—comenzó Santiago—, tenía algo dentro de mí que me incomodaba, pero no alcanzaba a saber qué era. Era una sensación que vivía siempre conmigo y que no me gustaba. Me pasaba horas y horas pensando en esto: cuando me metía en la cama, en el gimnasio, en el coche de camino al trabajo, en el mismo trabajo…

Desde luego, Pablo, Mariano e Inés entendían esto perfectamente… ¡¿Pero cómo ha hecho este cabrón para salir?!

Santiago seguía contando su historia

—Lo tenía tan metido en mí, que pensaba en ello aun cuando no lo estaba pensando. En uno de esos momentos todo cambió. Un día, cuando no estaba pensando en ello, de repente y sin buscarlo lo entendí. Lo que me pasaba es que no sabía qué quería. La sensación que llevaba tanto tiempo arrastrando era puro sinsaber. Lo que me pasaba es que estaba perdido. De repente me di cuenta de que navegaba sin rumbo en la vida. Todo iba bien, y mi barco era fuerte, pero no había nadie al timón y no era yo quien decidía dónde estar en cada momento. Esto es lo que me afligía. Una vez que entendí esto, todo cambió. Ahora también pensaba sin parar, pero esta vez con un objetivo distinto. Ahora me pasaba horas y horas reflexionando; cuando me metía en la cama, en el gimnasio, en el coche de camino al trabajo, en el trabajo mismo… Eso sí, ahora todo mi esfuerzo mental tenía un objetivo: decidir qué quería en la vida.

»Fíjate qué tontería. Fue solo un instante. Una idea que se puede resumir en diez palabras. Pero fue eso lo que me cambió la vida. Nunca volví a ser el mismo —seguía contando Santiago—. Ese simple instante fue el primer paso en el camino que me ha llevado hasta donde estoy hoy. Entender qué era lo que me estaba incomodando y entender que necesitaba coger el timón de mi vida constituyó un evento irreversible. En ese momento di un giro radical a mi forma de pensar. Fue en ese momento cuando empecé a trabajar en mi objetivo… Hoy no trabajo.

—Siguiente… Siguiente… ¡Siguiente! — La cajera estaba, ya un poco enfadada, llamando a Pablo, que se había quedado ahí, embobado, sin avanzar. Mariano e Inés también despertaron en ese instante para encontrarse en la fila del supermercado escuchando con la boca abierta (literal) la conversación entre dos desconocidos. Pablo pagó y luego se despidió de Santiago. Cuando ya se iba fue capaz de balbucear:

—¿Algún consejo?

—Sí —contestó Santiago—. Yo no soy un superdotado y tampoco soy ningún elegido. Simplemente decidí elegir otro camino. Piensa qué quieres y piensa quién eres.  No te intentes poner mi traje ni el de nadie. Busca el traje que sea para ti.

Mariano e Inés, todavía escuchando, siguieron avanzando en la fila.

Despertar

Ya de camino a casa, Pablo seguía sin habla. Algo se le había metido muy dentro de la piel. Mariano e Inés pensaban en el traje. Algo había cambiado en ellos. Conocían la sensación incómoda de la que hablaba Santiago. Habían vivido demasiado tiempo con ella. Pero hoy era distinto. Hoy, cada uno de ellos se metió en la cama con una sensación nueva que acompañaba a la vieja incomodidad. Había algo de exaltación y también algo de miedo. Habrían tenido difícil explicar qué es lo que sentían exactamente, pero dentro de toda la confusión había un rayo de luz. Eso es lo que provocaba la exaltación y a la vez ese puntito de miedo. Un rayo de luz que lo cambiaba todo. Habían entendido que esa sensación incómoda venía de no saber hacia dónde iban sus vidas: necesitaban definir un objetivo y necesitaban un plan vital para conseguirlo.

Un traje para cada uno

Dando vueltas en la cama, Pablo pensaba: “Mi trabajo me gusta y me pagan bien. Estas son mis cartas. Lo que tengo que hacer es empezar hoy a pensar cómo hacer para que mi vida no dependa siempre de un trabajo.” El detalle ya lo vería luego, pero Pablo tenía un objetivo. Cuanto más lo pensaba, menos exagerada le parecía a Pablo su forma de verlo: “No quiero ser un esclavo el resto de mi vida. Yo lo que quiero es estar con mis niños y poder disfrutarlos sin estrés y sin grandes preocupaciones. Ya está, ser libre para disfrutar de mi familia es lo que me va a hacer feliz; conseguir esa libertad ha de ser mi objetivo vital.”

Mariano lleva mucho camino hecho y mucho esfuerzo acumulado. Está algo cansado. “Desde luego, no quiero andar con penurias en mis últimos años y estaría bien hacer algo, pero es que yo ya soy viejo, caray… ¿Cómo me voy a poner ahora a inventar?” Esto le corría a Mariano por la cabeza, pero no se quedaba tranquilo. Una vez leyó que no sé quién dijo no sé cuándo que, si el mejor momento para plantar un árbol fue hace 40 años, el segundo mejor momento es ahora. Y seguía pensando: “De la misma manera que hoy me tiro de los pelos por no haber empezado a planear hace 10 años, dentro de 10 años me arrepentiré aún más de no haber empezado hoy… Además, yo ahora tengo un buen sueldo, si lo usara bien y empezara hoy, ¿sería capaz de llegar a jubilarme cómodamente antes de mi edad de jubilación?… Aunque fuera solo un día antes. Es que claro, no sé si cuando llegue a los 67 ya me la habrán subido, y si lo hago bien podría incluso atajar 5 o 10 años… Si consigo hacer que mi jubilación dependa de mí, podré disfrutarla sin angustias cuando llegue. ¡Eso es la felicidad! Ese es mi objetivo vital. Decidido: ¡Empiezo hoy!”

“Si es que a mí lo que me gusta es crear. Yo quiero tiempo para crear. Tengo veinticinco años y ninguna atadura. Estoy en el momento óptimo. Si empiezo hoy, lo más probable es que cuando vaya por los cuarenta ya no tenga que trabajar… Buff, cuarenta años. Parece que está lejísimos, pero la gente que conozco de cuarenta todavía es joven y súper energética. Si empiezo hoy, probablemente para entonces haya emprendido y haya hecho algo que me guste. A lo mejor entonces tengo una empresa propia que me llena muchísimo. Eso sí, estaré en posición de decidir yo si quiero dedicarme a ello o no. ¿Cómo puede ser que me haya dado por satisfecha yendo, un día tras otro, al mismo trabajo insípido? ¿Cómo puede ser que hasta hoy nunca me haya parado a pensar y a ver la cantidad de posibilidades que tengo? Voy a dejar mi trabajo y a empezar el proyecto de emprendimiento que no me he atrevido hasta ahora a realizar. Joder, que miedo… Pero creo que es lo que tengo que hacer: voy a trazar un plan para conseguir rentas pasivas abundantes (hablaremos largo y tendido de esto en el blog). Quiero poder dedicarme a lo que me apetezca cuando todavía sea joven. Eso es ser feliz. Ese va a ser mi objetivo vital.” Inés no pegaba ojo dándole vueltas a esto.

El camino hacia la libertad

Sus cartas son distintas y, por lo tanto, sus jugadas también. La forma que tienen de entender la libertad es distinta, pero los tres entienden que esa libertad es un medio indispensable para ser feliz. ¿Y cómo se consigue hoy esa libertad? Para bien o para mal, en el mundo de hoy, la libertad de Pablo, la de Inés y la de Mariano, dependen de la existencia de una fuente de rentas pasivas (en dos semanas publicamos el primer artículo que ya habla de esto en concreto). O sea, necesitan dinero para ser felices… Espera, espera, ¿me estás diciendo que el dinero da la felicidad? Otro tema central que iremos desarrollando en el blog de retirarsejoven.com

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