Objetivo a la vista

La Primera Guerra Mundial

La primera guerra mundial duró más de 4 años. ¿Por qué comenzó la guerra? ¿Fue por el asesinato del Archiduque Francisco Fernando? ¿Había un complot para terminar con la intromisión de Serbia en Bosnia? ¿O fue todo simplemente una cadena de “ataco yo primero por miedo a que ataques tú antes”?

Todo esto puede ser una simplificación casi absurda de lo que en verdad pudiera haber pasado, sí. Lo que está claro es que ambos bandos creían que la guerra sería un paseo y, de repente, se encontraron en medio de la guerra más cruenta que jamás había existido, sin saber muy bien porqué se había entrado o qué se pretendía ganar. ¿Cuál era el objetivo de la guerra? ¿Qué propósito perseguía ese enorme esfuerzo? A pesar de las distintas teorías que se ofrecen, parece que a ningún bando le quedó claro. Parece que fue como cuando te metes en una discusión y, en cuanto empieza el debate, deseas no haberte metido. Pero ya es tarde. Ya no puedes salir.

¿Por qué contamos esto?

 

Objetivo a la vista

En ocasiones, cuando nos embarcamos en un proyecto llega un punto (incluso, a veces, antes de empezar) en el que hemos olvidado cuál era el objetivo que pretendíamos alcanzar cuando empezamos.

De hecho, a no ser que periódicamente nos vayamos preguntando “¿Qué estoy haciendo? ¿Cuál es mi objetivo? ¿Por qué estoy embarrado en esto?”, no seremos capaces de mantener el objetivo a la vista. Y esto es vital.

Si estás inmerso en un plan FIRE para alcanzar la independencia financiera, lo mejor es que te asegures de que lo sigues. Puedes tener el mejor plan del mundo, pero si no te aseguras de mantener el rumbo, se irá al garete. De repente te darás cuenta de que han pasado 10 años y sigues enfrascado en un trabajo que, en principio, solo iba a ser un medio para un fin. Aun así, ahí sigues, 10 años después yendo todos los días de 9 a 5 a una oficina.

La manera de evitar esto es no perder el objetivo de vista. Una vez trazado el plan, es importante que, por lo menos 3 o 4 veces al año hagas una reflexión profunda sobre lo que estás haciendo y hacia dónde vas con ello. Ponlo en tu agenda cuando empieces el año y dedica tan solo una hora, 3 o 4 veces al año a reflexionar profundamente sobre esto. Solo así podrás asegurarte de que vas manteniendo el rumbo. Si no, lo más probable es que acabes, 10 años después, varado en un trabajo del que cada vez es más difícil salir.

Esto es así. Es así simplemente porque todas las fuerzas de nuestra sociedad actual nos empujan hacia eso: la corriente lleva hacia allá; si quieres escapar, tienes que tomar el timón y asegurarte de que el rumbo que llevas es el correcto. Además, a medida que pasa el tiempo, cada vez eres mayor y cada vez es más difícil emprender un plan FIRE o simplemente reinventarte para cambiar de trabajo: El nivel de esclavitud es mayor cada día que pasa sin que hayas tomado las riendas

 

Te acostumbras como la rana en agua fría que se pone a hervir

Cuando somos jóvenes, todos tenemos ganas de trabajar, queremos prosperar y no son pocos los que tienen grandes planes para conseguir la independencia financiera. Desgraciadamente, la gran mayoría no lo conseguirá. La gran mayoría acabará atrapada en la rueda de la rata, corriendo como locos sin saber por qué se corre, ni como parar. Algunos se deprimen, otros muchos, en una maniobra del subconsciente para evitar esa depresión, acaban renunciando a sus planes originales y se auto convencen de lo mucho que les gusta su rueda de rata: “mi rueda de rata me da de comer y me tiene entretenido”, así que siguen corriendo aún más rápido para evitar tener un solo momento de quietud mental. La quietud mental es tierra fértil para el análisis y para la auto reflexión: “¿Qué estoy haciendo? ¿Cuál es mi objetivo? ¿Por qué estoy embarrado en esto?”, así que la rata la evita a toda costa. Es un mecanismo antidepresivo de supervivencia. Pero es cobarde y es un error. Hablaremos de esto en un artículo futuro.

¿Por qué es un error? Hablaremos más de ello en el artículo pendiente pero, en resumen, se está eligiendo la opción cómoda, pero perjudicial, en vez de la opción incómoda, pero constructiva. La opción incómoda, pero constructiva, es ser valiente. Es levantar la cabeza y, si se ha perdido el rumbo, retomarlo. La opción incómoda es hacer esto tantas veces como sea necesario. Y aquí viene lo curioso: cuando has optado por la opción constructiva varias veces, te das cuenta de que te está llevando por el rumbo adecuado. En ese momento, tomar el rumbo deja de ser incómodo. En ese momento has vencido al miedo (que es el que te hace no querer mirar fuera de tu rueda de rata) y ves mucho más allá. En concreto, en ese momento puedes comparar alternativas. Eres capaz de ver la carrera de esclavo y también de ver una vida como persona libre. En ese momento te estremeces con tan solo pensar qué habría sido de ti si nunca hubieras llegado a ese punto. ¿Seguirías hoy en la rueda de la rata, siendo un esclavo, sin saber que otra vida es posible? El que siempre ha estado en la rueda, no sabe que otra vida es posible.

Cuanto más tiempo te quedes en la rueda, más a gusto te sientes. Solo tienes que dejarte llevar. Que placer. Efectivamente, llevar el timón es más difícil que no llevarlo. Por eso, coger el timón una vez, al principio, no es suficiente. Si no tienes claro que la mejor manera de llevar una empresa a buen puerto es dirigiéndola tú mismo, a la menor dificultad vas a soltar el timón e irás otra vez a la deriva. Corrige el rumbo constantemente y no pierdas de vista el objetivo.

Por último, una frase de Henry Ford. El que lo quiera entender no necesita que lo expliquemos. El que no lo quiera entender, no lo va a hacer aunque se lo expliquemos:

Los problemas son esas cosas tan feas que se ven cuando se aparta la mirada del objetivo.

 

Un abrazo fuerte y recuerda… EL OBJETIVO ES LA FELICIDAD, EL TIEMPO, NUESTRA LIBERTAD Y EL DINERO SÓLO UN MEDIO NECESARIO PARA LOGRAR EL OBJETIVO…

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